Lo que sentí cuando mi hijo fue de viaje de egresados

descarga-12¿Cómo están? Después de meses de silencio vuelvo para contarles que mi hijo adolescente ¡ya termina el secundario! Casi casi lo logramos.

Más de 10 mil chicos viajan a Bariloche por semana mientras 20 mil padres esperan que no pase nada malo. Como madre de un egresado de ORT escribí este artículo para el diario La Nación donde reflexiono sobre la experiencia y confieso cómo fuei administrando mis ansiedades, hasta que el adolescente volvió entero y sano. Y, sobre todo, feliz.

Les copio parte y espero que lo sigan leyendo en el sitio original. Saludos!!

Apostaría sin miedo a equivocarme que a todos los padres de los egresados que están por estos días en Bariloche en algún momento se nos cruzó la misma idea: ¿Y si lo dejo sin viaje? ¿Y si no le permito que se suba a ese micro?

Porque aunque lo digamos entre risas y bromas, por más que intentemos convencernos de que el viaje de egresados es una experiencia única en la vida de nuestros hijos, que no se nos ocurriría ser capaces de privarlos de ese momento imperdible de su adolescencia, lo cierto es que sentimos una gran ambivalencia en torno a esta costumbre.

Una costumbre que no por instalada, debiera ser incuestionable.

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Tal vez, por estos días, en virtud de las últimas noticias, comiencen a darse las condiciones para que el tema de los viajes egresados y sus riesgos pueda empezar a tratarse a fondo.

Este año me toca vivirlo a mí en persona, como madre de un inminente egresado de ORT que está en Bariloche hace una semana. A puro rezo para que el chico esté regulando la cantidad de alcohol, pendiente del WhatsApp y de las mínima noticias que cada madre va consiguiendoy compartiendo a cuentagotas, voy piloteando mis ansiedades.

Pasar el mal trago, esperar que los chicos no se metan en líos, que esto pase pronto. Así estamos. Sin reconocer que lo que tenemos, en el fondo, es miedo.

O lo reconocemos, como dice Marina Tasat, mamá de uno de los egresados 2016: “Los excesos están al alcance de todos y es preocupante. Uno como padre puede hablar pero no prohibir porque cuando los chicos están solos no se sabe lo que pasa. Criar hijos libres es un riesgo que hay que tomar. Yo no voy a estar toda la vida para decirle qué hacer y qué no”.

Quedamos en nuestras casas, en estado de impotencia y atentos a cada mínima información que podamos conseguir. Rezando para que cada mediodía nuestros chicos nos devuelvan el mensajito “quedate tranquila, está todo bien, la estamos pasando genial”. Compartimos reflexiones, nos alentamos entre nosotros y rogamos que nuestros consejos y recomendaciones logren activar algún mecanismo de autoconservación en la mente de nuestros egresados.

 

Acá pueden leer el artículo completo: http://www.lanacion.com.ar/1931873-lo-que-siente-una-madre-cuando-su-hijo-esta-en-el-viaje-de-egresados

 

La escuela es una cárcel

carcelescuelaNo lo digo yo, lo dijo Foucault. 

Lo dicen los chicos.

Lo pensamos a veces.

Estoy pensando mucho  en esta cuestión y como todavía no tengo mucho  nuevo para decir -pero se viene el post a la brevedad- aprovecho esta nota super didáctica y clara sobre el pensamiento y los libros de Michel Foucault, en La Nación de hoy, de la que copio una parte: 

Michel Foucault: siete conceptos para comprender la vigencia de su legado

Se cumplieron 30 años de la muerte del pensador francés cuya obra cambió la forma de ver el mundo; su llama intelectual deslumbró entre mediados de los 60 y de los 80; la Modernidad, el gran tema

Por Diana Fernández Irusta  | LA NACION

Prefería que no lo llamaran filósofo. “Lo que hago es la historia de la manera en que las cosas se problematizan; es decir, la manera en que las cosas se vuelven problemas”, sostenía Michel Foucault, profesor en universidades norteamericanas y francesas, catedrático del Collège de France y, por sobre todo, autor de textos cuya lectura obra un milagro escaso en estos tiempos: la percepción de que, tras haberlos atravesado, será imposible mirar el mundo del mismo modo en que se lo miraba antes.

Instituciones de encierro. En Vigilar y castigar, Foucault describe los pormenores del suplicio y descuartizamiento de un condenado en la París de 1757. Si los horrendos espectáculos que brindaban estos ajusticiamientos existían en función de un ejercicio, toma de posición y exhibición del poder monárquico, las cárceles, “invento” moderno que los terminará reemplazando, traen consigo una modalidad de castigo menos cruenta, pero más efectiva. Para la visión de Foucault, el dispositivo que subyace a la prisión no busca mostrar con gran despliegue aquello que le ocurrirá a quien se desvíe de la norma, sino que pretende inscribir (como la temible máquina de La colonia penitenciaria, de Kafka) la ley en el cuerpo -incluso en las almas-. “La prisión fue un invento que se expandió rápidamente a todos los ámbitos”, asegura en una entrevista de los años 80. Esto quiere decir que el “formato” presupuesto por las cárceles, que incluía encierro, regulación de los horarios, rigor, disciplina, sistemas jerárquicos y normativas a la vestimenta, los modos de hablar, sentarse, caminar o dirigirse a los superiores, es el mismo que se encarnó en la institución escolar, asilos, hospitales e internados modernos.

 

Nota completa: http://www.lanacion.com.ar/1708028-michel-foucault-siete-conceptos-para-comprender-la-vigencia-de-su-legado

Evocación primaria y cómo pienso la docencia

 

colegio tarbutComparto un escrito que presenté para un trabajo práctico en la carrera docente de Sociología (Facultad de Ciencias Sociales, UBA, Materia: DIDACTICA, Prof: Silvia Paley, TP N° 2: Evocaciones, 24-09-06).

La primera imagen que aparece al recordarme en la escuela primaria, es la de los carritos blancos que nos esperaban alineados a la salida del colegio, en los que compraba las mielcitas y el naranju. Seguir leyendo “Evocación primaria y cómo pienso la docencia”

Cómo vencer a los monosílabos

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Una merienda tentadora. Unico modo de ver a tu hijo adolescente al menos una vez al día.

Desde que empezó el año escolar mi hijo mayor asumió una rutina agotadora. D. ya  tiene 15 y está en cuarto año de una escuela que exige 6 años de cursada. No es un caso especial, es un detalle técnico nomás (en una escuela común estaría haciendo el tercer año como corresponde a su edad).

Lo que me preocupa mucho es lo poco que nos vemos, lo casi nada que está en casa, hay días en que sale a las 7.30 y vuelve a las 22 y  no lo vi en todo el día, a veces incluso estoy tan metida en mis cosas o en los asuntos de sus hermanos que ni le mando un watsapp. Dos veces por semana logramos establecer la rutina de que venga a merendar a casa, con tres, cuatro a veces cinco amigos. Y está buenísimo. No es que conversemos mucho, porque hablan entre ellos, o ponen futbol, o se la pasan con el telefonito twiteando, snapchateando, mensajeando, organizando, intercomunicándose entre ellos en esa gran masa neuronal que los convierte “Todos” en un único ser. ¿Ya les tocó escuchar su argumento preferido?: “¡Mamá por qué no me dejás ir a lugar-equis-que-probablemente-no-sea-apto-para-chicos-de-su-edad si van Todos!”. ¿Ya se sintieron unas brujas, madrastras malvadas, viejas que no saben nada de esta época, castradoras, autoritarias, débiles, desubicadas, lo peor de lo peor para un hijo adolescente?

Yo lo estoy padeciendo, pese a que siempre pensé que iba a ser la mejor madre, compañera, confidente, copada, la que conocía su lenguaje, la que nunca iba a escuchar como toda respuesta un monosílabo. Parece que es ley. Y lo que más me cuesta aguantarme es el hecho de que este año ya ni siquiera me necesita con el estudio. Mi área. No me pregunta ni de lengua,  ni de sociales, ni de todas esas materias sobre las que me considero experta.

Te voy a dejar pilla (un traductor ahí), me respondió la última vez que le pregunté cómo le estaba yendo, que si no tenía que sentarse a estudiar un poco más. Corrijo, un poco, el más está de más. Veremos, soy optimista.

Todo esto me confronta con mi propia historia como adolescente. Recuerdo que no fue una época fácil.

Si mis padres hubiesen sido un poco más estrictos conmigo tal vez me hubiese equivocado menos. O por lo menos podría haberlos desafiado sin culpa, me hubiese abierto camino en la vida más rápidamente, hubiese sido más viva. Pero no. Yo no tuve hermanos y me convertí en una adolescente tardía. No aprendí a luchar para alcanzar una meta. Tengo poquísima tolerancia a la frustración. Poca capacidad para esperar que las cosas caigan por su propio peso. Me costó encontrar mi vocación, darme cuenta de para qué era buena, entender que en el mundo no era única, que a veces simplemente era una más. No aprendí una herramienta fundamental para la vida: la paciencia.

Tuvieron que morirse para que finalmente me asumiera como adulta, aunque se fueron de mi vida a mis 39 y cuarenta, tuvieron la gentileza de esperar a que me casara, es decir no me dejaron totalmente sola y desprotegida, me dejaron con un marido. Su gran preocupación era verme casada, los títulos, los logros profesionales no representaban mucho para ellos, aunque los llenaba de orgullo, sólo pudieron sentir que cumplieron su misión como padres cuando me casé.

¿Y yo cuando voy a sentir que cumplí con mis tres hijos? Es fácil posponer esta pregunta mientras ellos son chiquitos. Mientras están en el jardín y la primaria todavía les alcanza con nuestras muestras de cariño. Ellos, a la vuelta del cole, lo que más quieren es estar con sus papás. La wii, la tele, la tablet, las actividades extraescolares, los cumpleaños, nada de eso se compara para ellos a cocinar una torta con la mamá, jugar con los autos o las muñecas, leer juntos un cuento o revisar las tareas de la escuela.

Si no me creen, solo tienen que probar. Una vez un líder espiritual dijo que los chicos que piden todo el tiempo juguetes nuevos y golosinas, lo que en verdad están pidiendo es más Dios. Tomemos Dios como sinónimo de espiritualidad, amor, tiempo, compañía, escucha, interés, ejercicio práctico de mater-paternidad y encontraremos la respuesta.

No sé si funcionará en el caso de los adolescentes, me parece que no y tendría que volver a ese líder consejero a preguntarle qué darles a los adolescentes que lo único que piden es privacidad y libertad.

No sé si habrá una respuesta tan sencilla esta vez.

 

 

 

Pensando en la peluquería sobre nuestro derecho a elegir por nuestros hijos

suriAyer fui a la peluquería. Durante los primeros 30 minutos que debía estar la tintura en mi cabeza hojié unas 15 Hola, Gente y Caras. Ya me las había mirado todas y fui por la segunda tanda de lo que me gusta llamar “material para documentarme sobre la vida de los otros” Seguir leyendo “Pensando en la peluquería sobre nuestro derecho a elegir por nuestros hijos”

¿La escuela es un depósito de niños?

escuela abierta
“Escuela siempre abierta” – Ilustración para escuela primaria Gral. Francisco Villa en México, de Yaolli Quiáhuitl

Y… sí. Nos guste o no, en términos empíricos lo es.

¿Debería serlo? Ahí está el debate. ¿Debe la escuela resolver cuestiones de organización familiar, cobijando a los niños para que los padres y sus familias puedan organizar sus tiempos de trabajo, estudio, atención médica, esparcimiento? Seguir leyendo “¿La escuela es un depósito de niños?”

La lista de materiales

tempera magenta
La témpera magenta que compré en lugar de la fucsia pedida en el listado del cole. ¡Espero que no me la reboten!

Soy de las que compran los útiles para el colegio una semana antes de empezar las clases. Generalmente pierdo las listas que el colegio entrega a fin del año anterior y termino pidiendo a alguna mamá que me la pase a último momento. Ahí es cuando voy a un hiper o a alguna librería mayorista y compro de todo, vamos con los chicos, y siempre termino comprando de más. Nunca pude cuidar la economía en este aspecto. Seguir leyendo “La lista de materiales”

Buscando desesperadamente a una maestra integradora

kindergartencopComo conté el post anterior estos días estoy en la búsqueda de una maestra integradora.

Me indicaron con suficiente firmeza en el nuevo colegio que mi hijo deberá contar para el inicio de clases con este acompañamiento, así que me puse en campaña. Desde mediados de noviembre arranqué a interiorizarme con la cuestión y en la primera semana de diciembre empecé con llamados, reuniones, cafés, consejos, recomendaciones, trámites y por ahora sin resultados concretos. Seguir leyendo “Buscando desesperadamente a una maestra integradora”

Repetir prescolar

repetirprescolarEs pesado este tema. Hay días en los que da ganas de mandar todo a la mierda. Me dicen que no lo cuente, por lo del estigma. Pero si no lo cuento lo padezco más, o igual que es lo mismo.
Así que después de tanto diálogo interno, tanta charla ocasional, tanto consejo profesional, decido abrir este blog.

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